La báscula mágica

Ahora que llega el verano, seguramente mirarán con horror la báscula. No se agobien si lo que quieren es perder peso; déjenlo de mi mano porque puedo hacerlo sin dietas ni sacrificios. Sí, sí, como lo oyen.Mi pareja es experta en nutrición y me mira con ganas de estrangularme cada vez que digo esto, pero es totalmente cierto. La clave está en que en nuestro lenguaje cotidiano confundimos dos conceptos: peso y masa.
La masa mide la cantidad de materia de un cuerpo. El peso, en cambio, la fuerza que ejerce la gravedad sobre nosotros. Es cierto que existe relación entre ambos conceptos, pero mientras la masa es invariable (salvo que viajemos a velocidades inmensas cercanas a la de la luz), el peso cambia con suma facilidad.
Para más colmo, les diré que la báscula no mide el peso.Mide la fuerza que la propia báscula hace para sustentarnos y contrarrestar nuestro peso. En condiciones normales, esa fuerza es equivalente (aunque en sentido contrario) a la que ejerce el campo gravitatorio de la Tierra y por eso no nos caemos. Pero en ciertas situaciones, la báscula puede dar medidas que no coinciden con nuestro peso y, por tanto, no se relacionan sólo con la masa.
Mi truco para hacer que cualquiera pese menos podría basarse en reducir el campo gravitatorio: en la Luna, un tipo de 80 kilos marcaría sobre una báscula terrícola ¡poco más de 13 kilos! Pero me basta con colocar a mi falso paciente en un ascensor. Si le vendo los ojos y le hago mirar a la báscula sólo en el momento en que el ascensor en ascenso frena o inicia el descenso, comprobará que ha bajado unos diez kilos. La clave está en que tanto el paciente como la báscula están en un sistema acelerado, con lo que la fuerza de sustentación de la báscula es menor. Si la cuerda del ascensor se rompiese la báscula marcaría cero kilos.Y es que en caída libre permanecemos en aparente ingravidez.
El secreto, recuerden, es que el peso es una fuerza debida a nuestra masa, no la masa en sí.

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Acerca de Vicente Montes

Periodista con vocación de físico, físico con vocación de periodista. Trabajo como jefe de edición de LA NUEVA ESPAÑA en Avilés.

Publicado el 30 mayo, 2012 en Ciencia. Añade a favoritos el enlace permanente. 2 comentarios.

  1. Mi primer disgusto diario es poner mis desnudos pies sobre la báscula de mi baño.Gracias a tu pasión por la física he descubierto un sistema para cambiar ese disgusto por otro.Me explico: en mi casa , si entro por el garaje , mi habitación está en el tercer piso. Si me ato la báscula a los pies y me arrojo por el hueco de la escalera,si acierto a ver la lectura de la báscula en el trayecto ,seguro que veré ¡cero kilos!Probablemente , feneceré en el experimento , pero feliz por alcanzar el grado máximo de delgadez. Gracias Vicente.

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